1.07.2010

Y descubrir tierra nueva: Futre en "Los dos amigos".




Hay un lugar en el centro en el que el tiempo se frenó, o no avanza, o retrocede. No se bien como explicarlo, sin hacer referencia a la perturbadora escultura que señala la puerta, que solamente es el umbral a un tugurio de hace un puñado de décadas, o al menos, como yo imagino un tugurio de hace un puñado de décadas. Pero el lugar no está infestado de viejas glorias desconocidas del tango, ni de tipos de mirada oscura. Las mesas están repletas de hippies-con-pretensiones-intelectuales de corta edad, y algún que otro quincuagenario deglutiendo el plato del día.

Pero la atención está en otro lado, no en cuadros espantosos que adornan la sala, no en la intrascendente conversación sobre Bakunin. La atención esta clavada en la distancia de un escenario ridículamente familiar. Los músicos comen empanadas y toman vino, y lentamente se acomodan los instrumentos (creo que una hora más tarde de lo esperado).



“¿Qué es esta orquesta?” Debe pensar el tipo de la mesa tres. La disfuncional y poco ortodoxa ¿banda?, es Futre, señor: Miguel López (voz/bandoneon/guitarra/tecladovintageenfermo), Gonzalo Gorosito (guitarra) y Laureano Melchiori (contrabajo) las cabezas de una maquinaria explosiva. Tango, Punk, Antonio Tormo y la más exclusiva tendencia Low-Fi.




El contrabajo, la Telecaster roja, el bandoneon, la guitarra inmensa y una veintena de efectos y chiches, ocuparon el lugar. Ahora el ambiente es un poco denso y oscuro. Pero eso no es todo. También hay un desfile de canciones, que viajan desde algunos melancólicos tangos con referencias históricas (cuyo autor desconozco absolutamente) hasta una ridícula canción circense, auspiciada por un pequeño órgano extrañísimo. Después hay Café Tacuba, algo de la Pequeña Orquesta Reincidentes, El mató a un policía motorizado y “Porque hoy nací” (talvez mejor que la original); pero no hay nada de todas estas bandas, son canciones nuevas, perfectamente arregladas, ningún detalle está fuera de lugar. La presencia fundamental de esta banda, igualmente, y sin menospreciar a el resto de los músicos, es López. El tipo tiene una gran profundidad en la voz, una tristeza inexplicable.

Y, además, maneja perfectamente los ambientes. Creo que los espectadores saben un secreto sobre el, yo no entiendo muy bien porque aceptan que el tipo los increpe, con el ceño fruncido, pidiendo silencio. Parece amable cuando lo dice; pero para mi no es así. Igualmente Futre es local en los Dos amigos, y ni el reencuentro de los muchachos cerca de la cocina, o los cubiertos chocando con los platos, o la terrible destrucción del proyector, puede truncar la primer media hora, que es genial. No se si es porque son excelentes músicos, o por que no puedo enteder como es que hacen lo que hacen.
Después de un descanso, el señor de la mesa tres descubre que la velada está por llegar a su cúspide: Una música oscurísima y solo un bandoneon rompiéndose, acompañan la terrible y angustiante sentencia: “Facundo Quiroga murió”. La tensión se puede oler, el volumen es muy bajo, y entre frase y frase parece que la canción va a explotar. “...Él mismo procede a degollar al niño...” canta López, casi hablando “... cuyo corazón chorrea una sangre liviana, casi aérea. Que provoca una ternura triste, como arrancar puñados de yerba”. La frase resume perfectamente a Futre: Una banda tan profana y enferma, como brillante y atroz.
J.M.: www.desumuerte.blogspot.com

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